Un estándar que no se pretenda universal, ¿es posible?
La violencia de género facilitada por tecnología (VGFT) no suele ser parte constitutiva del diseño técnico. No es algo que se considera hasta que sucede, y entonces se busca “corregir”, como si de un bug o un parche de seguridad se tratara. Las tecnologías serían muy distintas si en los procesos de diseño se preguntara desde el inicio: ¿cómo puede esta tecnología ser usada por una pareja abusiva? ¿Qué pasa si un agresor tiene acceso físico al dispositivo? ¿Cómo afecta mi diseño a personas en contextos de desigualdad estructural? Entre otras cuestiones que quedan relegadas cuando se diseñan productos tecnológicos “de impacto global”, o “para el uso generalizado”.
En el caso de los protocolos técnicos de internet, que están diseñados para quienes operan las redes y desarrollan tecnologías para “los usuarios finales”, es aún más común que este tipo de cuestiones se omitan en las discusiones, o que se aborden pero rápidamente sean puestas a un lado, para facilitar la lectura y el entendimiento de los grupos y escenarios donde los protocolos deben tener un impacto, es decir en la industria tecnológica de internet. En este texto analizamos de manera muy general el grupo de trabajo DULT (Detecting Unwanted Location Trackers; en español “Detección de rastreadores de ubicación no deseados”) de la IETF (Internet Engineering Task Force), ya que se encuentra desarrollando una serie de documentos para responder a un tipo de VGFT, como es el rastreo de localización utilizando dispositivos Bluetooth.
Desde hace poco más de dos años, DULT se encuentra desarrollando un modelo de amenazas para dispositivos de rastreo que funcionan sobre redes colaborativas de localización (como Find My de Apple o Find Hub de Google). Estas redes permiten que miles de dispositivos actúen como nodos que detectan señales Bluetooth de “tags” cercanos, y reporten su ubicación a un servidor central. Esto lo pueden hacer de forma pasiva, comprometiendo la privacidad de las personas usuarias al ejecutarse sin su consentimiento expreso.
Para que se entienda mejor el funcionamiento de estas redes, aquí se puede ver el diagrama de la red Find My extraído del artículo Who Can Find My Devices? Security and Privacy of Apple’s Crowd-Sourced Bluetooth Location Tracking System:
Este modelo de amenazas servirá de base para el desarrollo del protocolo DULT, para detectar rastreadores de ubicación no deseados, de forma interoperable entre distintos tipos de dispositivos y aplicaciones. Sin embargo, como señala el borrador Intimate Partner Violence Digital Considerations (IPVC) del grupo de trabajo sobre consideraciones de Derechos Humanos en los protocolos (hrpc-RG), rara vez se incorporan escenarios específicos de violencia de pareja en el modelado de amenazas de los protocolos técnicos. Y si bien el de DULT describe algunos de estos escenarios, no los integra plenamente en su arquitectura conceptual.
Al respecto, es importante mencionar que esta tecnología colaborativa de rastreo de localización se diseñó para encontrar objetos perdidos a través de un ecosistema conectado con Bluetooth, permitiendo mejorar la experiencia de las personas usuarias y expandiendo la infraestructura de rastreo. Pero al reportarse los casos de rastreo abusivo se añadieron alertas, sonidos, y otras medidas de protección, dentro de las cuales nunca se pensó en un escenario donde una persona que agrede a su pareja -no necesariamente un atacante en los términos que lo entiende el documento-, pudiera tener acceso físico a los dispositivos, o que pudiera coercionar, compartir cuentas, o desactivar alertas en los dispositivos. Todavía hace falta pensar y diseñar un sistema suponiendo esa realidad. La pregunta es, ¿debería ser un estándar?
Una sola respuesta para realidades muy distintas
En este momento el modelo de amenazas de DULT se encuentra en su fase final de redacción. Sobre este documento se podrá continuar con otros dos, de corte más técnico: uno con recomendaciones para fabricantes de dispositivos de rastreo, para que puedan implementar la funcionalidad de detección de rastreo indeseado; y otro que define el protocolo con el cual los dispositivos reportan a los “tags” que han visto, de manera que sea posible localizarlos.
Mientras se discuten los ajustes finales, y como parte de un trabajo colectivo de análisis de DULT, llevamos a cabo un grupo focal con 12 personas de distintas líneas de ayuda feministas y proyectos que trabajan VGFT en América Latina, buscando conocer mejor sobre el contexto al que se enfrentan las personas que acuden a este apoyo feminista en la región, y si tecnologías de rastreo como las mencionadas representan una amenaza en los escenarios que ven día a día.
En el modelo de amenazas de DULT, esconder un “tag” en la mochila o el coche es una de las amenazas principales. Sin embargo, en las líneas de ayuda con las que conversamos esta no es una preocupación central, ya que el rastreo o monitoreo -una forma de violencia muy común y extendida en la región- se da principalmente mediante el uso de cuentas compartidas, la función de ubicación en tiempo real desde el celular, el historial de las cuentas de Google (las más utilizadas, así como los dispositivos Android), o aplicaciones de control parental, entre otras. Usualmente, el abuso ocurre aprovechando los servicios que ya están integrados al teléfono y las cuentas asociadas al mismo, y no mediante uso de “tags” u otro hardware adicional.
También se mencionó que los AirTags no son tan comunes, ya que el uso de entornos Apple parece estar concentrado en sectores de clase media y alta. Según los datos a febrero de 2026 de Statcounter, iOS representa poco más de 20 % del mercado en América Latina. Por otra parte, el mercado de “tags” aún no es popular, pero existe cierta preocupación entre las personas acompañantes en casos de VGFT, ya que en tiendas en línea se consiguen dispositivos de rastreo a precios accesibles y compatibles con Android, así que existe un riesgo futuro de que el alcance y la popularidad de estos dispositivos crezca rápidamente y se normalice su uso entre grupos más amplios de la población.
Otra reflexión que se dio en este espacio fue que en contextos donde la desaparición forzada y la violencia extrema son una realidad, la geolocalización más que como un riesgo se puede percibir también como una herramienta de apoyo y cuidado para la búsqueda. Estas tecnologías se insertan en realidades donde está en mayor riesgo la seguridad física de los círculos familiares de las personas desaparecidas, así como de las personas activistas. Un documento como el modelo de amenazas de DULT, no contempla el giro que esta tecnología puede tener en contextos de violencia estructural, en regiones como América Latina.
La incidencia de un documento
Como personas que trabajamos desde el soporte técnico en el acompañamiento a mujeres y personas LBTQIA+ que sufren VGFT, encontramos enorme valor en que exista un esfuerzo como DULT, y que empiece por un modelo de amenazas basado en la descripción narrativa de situaciones o escenarios que no son solo “casos de uso” técnicos, sino que ofrecen “información realista sobre las limitaciones a las que se enfrentan las personas que son objeto de seguimiento mediante etiquetas de localización” (traducido del inglés en el draft_04). Así mismo, reconocemos que en este documento se intenta considerar diferentes situaciones, y que se hace explícito el alcance limitado y cambiante de lo que describe. Al respecto, nos parece importante reflexionar sobre el borrador que, esperamos, próximamente sea publicado como RFC y pueda servir de base para continuar desarrollando los documentos técnicos; pero también sobre el proceso y las decisiones que llevan a lo que se publica por consenso del grupo de trabajo en IETF.
Por el tono que debe llevar este modelo de amenazas para ser entendible por fabricantes y desarrolladores, y el enfoque limitado al protocolo técnico, tal como lo define el grupo de trabajo, los cinco escenarios que se describen abordan el rol de atacante como quien: coloca un dispositivo; intenta evadir detección; aprovecha limitaciones técnicas; no tiene que acceder a las cuentas personales de su objetivo. Sin embargo, en contextos de VGFT es prioritario considerar que la persona agresora puede: tener acceso físico continuo al dispositivo; coercionar; compartir cuentas legítimamente; ser propietaria legal del dispositivo o las cuentas; controlar económicamente a la víctima; entre otras situaciones.
Como se menciona en el borrador sobre IPVC, estos factores cambian radicalmente el modelo de amenaza, por la relación de poder que se establece entre quien agrede y la persona agredida, pero también dentro de un círculo social más amplio. Por eso, la VGFT no puede entenderse (ni atenderse) solo considerando factores técnicos, si no que requiere un entendimiento sobre factores sociales estructurales y contextuales.
Por otra parte, el modelo de amenazas de DULT propone una matriz de amenazas con niveles de impacto, probabilidad e impacto potencial. Sin embargo, como describimos más arriba, la probabilidad y el riesgo no son universales. Por ejemplo, la amenaza de despliegue de múltiples tags (Deploying Multiple Tags) aparece con probabilidad alta, pero en la mayoría de América Latina esta probabilidad puede ser media o baja, debido a los costos y despliegue desigual de redes; la amenaza de redes heterogéneas (Heterogeneous Tag Networks) depende fuertemente del mercado regional de iOS y Android. Esta es una realidad que da pie al desarrollo mismo del trabajo de DULT y que no puede tomarse como un parámetro universal; la desactivación de alertas (Disabling Target Tag Detection) es considerada menos probable, pero desde nuestra experiencia con VGFT sabemos que el acceso físico a dispositivos por parejas o exparejas íntimas es extremadamente común.
La matriz asume condiciones técnicas del norte global y no integra desigualdades socioeconómicas, prácticas culturales ni dinámicas de poder propias de otras regiones, como puede ser América Latina. Y sobre esto, queremos llamar la atención sobre una discusión que tuvo lugar en la reunión interina de diciembre 4 de 2025, sobre el nivel de experticia de quienes han contribuido al desarrollo de este documento, la importancia de hacer llegar este trabajo a quienes trabajan en VGFT, y las prioridades que un documento de IETF debe tener. Por mencionar solo un ejemplo, allí se menciona que quienes han trabajado sobre el modelo de amenazas son personas expertas en VGFT, pero no se reconoce que todas quienes lo mencionan trabajan en el contexto de Estados Unidos de Norteamérica.
Priorizar la eficiencia sobre la equidad
Muchas preguntas están ahora en discusión, y serán abordadas en el desarrollo de los documentos técnicos. Como grupo de trabajo hacktransfeminista, nos interesa entender cómo se espera manejar (al nivel de fabricantes) la decisión (de una persona usuaria) de desactivar la participación de su dispositivo como nodo en la red. Esto porque el modelo de amenazas DULT asume la existencia de la red colaborativa como condición dada. Sin embargo, ¿cómo garantizar el consentimiento informado y la transparencia técnica para las personas usuarias, entendiendo que hay una brecha estructural (territorial tanto como de género) en el acceso a tecnologías?
En América Latina se ha trabajado el tema de la violencia digital de género desde hace más de una década, y desde muy diversas perspectivas. De ahí nuestro interés en comprender e involucrarnos en los desarrollos técnicos en esta materia, ya que pueden impactar tanto los panoramas de riesgo y amenazas, como las respuestas (técnicas, pero también legales y psicosociales) necesarias para transformar una situación crítica como es la violencia de género que persiste y se adapta al entorno digital (todavía emergente en amplios sectores de la población latinoamericana).
El modelo DULT menciona escenarios de VGFT, pero su desarrollo sigue dominado por una mirada técnica abstracta, mientras que el trabajo de líneas de ayuda y otros procesos de acompañamiento y respuesta a VGFT en América Latina (y muchas otras regiones de la mayoría global) trabajan con conocimiento situado, empírico y contextualizado.
Como dice Ruha Benjamin en su libro Race after Technology, para transformar la manera como funcionan las tecnologías hoy es necesario entender que no es suficiente con tener mejores intenciones frente a la manera como las tecnologías se despliegan para otros. Se requiere dejar de priorizar la eficiencia sobre la equidad. En nuestro caso, consideramos que el desafío de un grupo como DULT no es simplemente traducir los documentos técnicos para que sean digeribles por “personas expertas en VGFT”. Implica transformar el proceso mismo de estandarización para que exista un involucramiento de las personas que acompañan, que conocen las necesidades de primera mano, en muy diversos contextos. Y para eso, es necesario entender que los estándares técnicos suelen construirse en espacios altamente técnicos, con barreras económicas y lingüísticas; y que las organizaciones que acompañan sobrevivientes de VBG y VGFT trabajan en contextos de permanente urgencia, precariedad y sobrecarga.
Integrar esta experiencia requeriría incorporar procesos formales de consulta regional y financiar la participación de organizaciones de la sociedad civil en espacios de estandarización, además de reconocer la VGFT como escenario primario, no excepcional.
Como decíamos antes, valoramos el esfuerzo técnico del grupo de trabajo DULT, pero creemos que es necesario ampliarlo. Si este modelo de amenazas pretende ser de alcance global, necesita abandonar la ficción de la neutralidad contextual, porque es allí donde Norte Global se mantiene como modelo para el resto del mundo. Se requiere integrar las experiencias diversas de quienes trabajan estos temas, y además trabajar por un abordaje interseccional, de manera que los avances tecnológicos no supongan una potencial amenaza para ciertos contextos o grupos sociales históricamente vulnerados en el orden global.
/raiz_común es: Martu Isla (Independent), Linda (Social TIC), PatyMori (MariaLab), Juliana Guerra (Independent)
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